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Piranha (1978), de Joe Dante

piranha1 vamosalcine 198x300 Pirañas al ataque: De generación en degeneración
Un par de años después (3 para ser exactos) de que el animatrónico Tiburón de Steven Spielberg se convirtiese en el dentado monstruo de turno, tiñera de rojo las aguas, y llenara las butacas de los cines americanos por aquellos finales setentas, las ¡Pirañas caníbales asesinas! de Joe Dante asomaron sus aletitas mutantes para entregarnos una nueva dosis de terror marino, exploitation, caos, pánico y locura en las playas de California, palos al gobierno y por supuesto mucho humor, ingrediente infaltable en la salsa del cine clase B cormaniano.
Así es, Joe Dante comienza su carrera aquí (aunque tiene dos películas previas: una suerte de documental y una codirección) de la mano de Roger Corman y su New World Pictures, en una producción pequeña que buscaba aprovechar el éxito que había tenido el mentado éxito de Spielberg (maravillosamente citado al comienzo de la película a través de un videojuego), y para eso no se les ocurre nada mejor que redoblar la apuesta e infectar un río con pirañas hambrientas y mutantes.
Todo podría haber sido un desmadre de no ser por los talentos innatos de Dante, que ya despuntaba su gusto por la destrucción anárquica, y su guionista, el luego también director, John Sayles, quienes le insuflan vida a los personajes a través de buenos diálogos y nobles estereotipos.
Hay efectos especiales dignos de Harryhousen. Hay amor por el cine en estado puro. Y está el germen de lo que se vendrá en la obra de este gran director (acaso ignorado por las altas esferas); No solo encontramos el siempre fiel rostro del actor dantesco Dick Miller, sino que además, tenemos unas criaturitas pequeñas, dañinas y demoníacas que siembran el pánico en una pequeña comunidad…
(Por cierto a Spielberg no le cayó para nada mal que intentaran subirse a su éxito: terminará produciendo muchas de las futuras grandes películas de Joe)

 

Piranha II: The Spawning (1981), de James Cameron

 Pirañas al ataque: De generación en degeneración
Un par de años después (3 para ser exactos) de la irrupción del film de Dante, se realiza la película que explota a la que explotaba el éxito de Tiburón. Piranha Part II. La “mejor película sobre pirañas voladoras jamás realizada”, según su director. Y si les decimos que el director es ni más ni menos que James Cameron, tendríamos que creerle.
Más allá de la ironía del realizador y de que la peli es verdaderamente barata y más cerca de la Z que de la B, la verdad es que no está tan mal y que incluso se pueden encontrar esbozados algunos de los rasgos éticos (ya que no estéticos) que luego impregnarán su obra posterior. Por un lado, digamos que sí, es una clase B cormaniana con co-producción italiana, que la de Dante es mejor, que el guión es flojo, que las pirañas son más graciosas que temibles, y que Cameron, que originalmente iba a ser el encargado de los efectos especiales y que por deserción del director elegido terminó por hacerse cargo, está lejos de demostrar el dominio y confianza que luego exhibiría a pleno; sí, de acuerdo, pero aún así la historia se desarrolla sin problemas, algunos diálogos funcionan muy bien y la descripción de los protagonistas, con pocos y precisos toques está bien lograda.
En cuanto a rasgos que luego veremos en Cameron, los más sobresalientes son la presencia de una mujer fuerte, independiente, valiente, decidida, una proto-Sarah/Ripley/Rose/Neytiri, la unión hombre-mujer como núcleo fundacional sobre el cual se asienta la vida. Y por otro lado, la inmersión en las profundidades del agua (el agua vista como esa inmensa metáfora intrauterina) que también es el centro de su gran obra acerca de conversiones y renacimientos: El Abismo, por no mencionar su versión de la Historia a través del hundimiento del Titanic.
De este modo, entre fines de los setenta y comienzo de los ochenta, dos de los más grandes realizadores contemporáneos de films comenzaron sus carreras con sendas películas acerca de pirañas asesinas, con pocos recursos y aun con los titubeos lógicos de los primeros pasos, lograron crear exponentes dignos de una época, del zeitgeist de sus temores correspondientes, y de un estilo cinematográfico que estaba llegando a su fin. Dante y Cameron clausuraban un subgénero al mismo tiempo que abrían puertas para continuar con sus propias historias.
Acaso podamos pensar que las pequeñas pirañas tuvieron algo que ver y que todo director que se atreva con ellas, tendrá augurado un lugar destacado en la historia del cine.
Bueno, no estamos tan seguros de eso, teniendo en cuenta que las pirañas han vuelto de la mano del francés Alexandre Aja y de un ignoto John Gulager…

 

Piranha 3D (2010), de Alexandre Aja.

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La verdad es que no esperaba nada bueno de este film. El prejuicio indicaba que se iba a cometer un sacrilegio con la obra de Dante, es decir, no solo se iba a hacer una película incapaz de aportar nada, sino que también se ensuciaba la memoria de aquella primera.
Los antecedentes inmediatos de Alexandre Aja tampoco ayudaban, el galo que había llamado la atención con Haute Tension, en 2003, dando inicio a una suerte de nuevo cine de horror francés, había demostrado una notable falta de ganas e imaginación en su traslado al cine hollywoodense (Tanto The Hills have eyes –su primera remake, sin personalidad, y Mirrors, con Kiefer Sutherland, aún jackbauerizado, son bastante flojas).
Y sin embargo, el atropello en esta ocasión le salió sumamente feliz.
Su Piranha 3D solo conecta con la de Dante en su espíritu de clase B orgullosa de serlo, y en el concepto de aldea a la cual arriba el mal. Por lo demás, es una reinterpretación de la historia, en la cual las pirañas no son una mutación sino unas sobrevivientes prehistóricas, sin mayores referencias puntuales a la película de Dante, más allá de la estructura global. De hecho, el film establece su diálogo con el cine de terror de los 80 más que con la película de Dante.
Así, la película se desmarca, aceptando su condición de clase B, y se convierte en un tobogán de anarquía y de ruptura de convenciones, no solo hay mucha sangre y mutilaciones festivas, sino también hay mucho sexo y desnudos femeninos, revisitando incluso el viejo concepto del castigo moral, pero esquivando el mensaje puritano de los clásicos ochentosos. (En la historia se filma una película porno, cuyas participantes serán eventualmente devorados, pero claro, quién nos quita lo visto hasta ese momento).
El ensamble actoral es otra de las virtudes del film: Elisabeth Shue vuelve con una de sus últimamente esporádicas apariciones en la pantalla grande y, como siempre, cumple con creces con su rol. Adam Scott, contenido, agrega su porte contemporáneo entre héroe y humorista y Jerry O’Connell usa bien su habitual carácter insoportable, además del casi cameo de Richard Dreyfuss, parodiando su rol en Tiburón y Christopher Lloyd haciendo de, bueno, de científico loco!…
Buenas ideas visuales, desprejuicio, y humor son las claves que convierten este film en un notable espectáculo. Y como además fue un éxito en las taquillas, eso nos garantizó la existencia de:

 

Piranha 3DD  (2012), de John Gulager

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La segunda parte de la remake. Que no es lo mismo que la remake de la segunda parte de Piranha, aquella de Cameron.
Y aquí todo lo bueno de la anterior se lleva hasta el extremo máximo. El extremo del espíritu clase B, casi rozando la Z, y de la anarquía y del desprejuicio. Dejándonos con un par de sensaciones encontradas; la primera es la de rechazo, el film abarata lo anterior; la segunda es de regocijo, una parte nuestra ríe con la producción y festeja el desparpajo absoluto exhibido.
El encargado de la dirección es John Gulager, el responsable de la trilogía Feast, cuyo primer film fue el resultado del reality cinematográfico que en su momento produjeron Matt Damon y Ben Affleck. Su misión fue la de burlarse de todo, a la manera del Dante de Gremlins 2, extremar la violencia y el sexo. Desde el nombre mismo, que hace referencia al talle (grande) de los corpiños. Si en la primera había muchos desnudos femeninos, aquí uno de los personajes crea la Crotch Camera, una cámara para ver en primer plano los depilados pubis femeninos cuando entran a la piscina (Ya que en este film la historia no transcurre en el mar sino en una piscina privada, a la cual se meten las pirañas prehistóricas). Por otro lado, el film no tiene reparos a la hora de pensar en truculencias varias, y en no respetar ni siquiera a los menores de edad en su afán destructor.
Así las cosas, y con David Hasselhoff como emblema de este barco que se hunde en la decadencia, el film va creciendo a medida que llega su clímax de locura sangrienta, y crece gracias a no tomarse en serio y a su sentido del humor negrísimo, que alcanza pequeñas cimas de la iconoclastia.
Entonces, uno deja que su lado escéptico se tome un descanso, comprende que esta era la mejor manera de continuar (y cerrar, esperemos) esta nueva etapa de las pirañas en la década del 10, con humor celebratorio e intrascendente (tanto es así que de sus escasos 80 minutos de metraje, los 10 últimos se dedican a los créditos y bloopers de filmación), y difruta.